Hace unas semanas, con días hermosos de sol resplandeciente y cielo claro, veíamos hasta la Isla de Fogo por detrás de Santiago, pero a mí me daba por pensar que era un espejismo. Que era inconcebible la idea de que la capital del país se encontrara sólo a 40 km. Que era imposible que el Gobierno sometiera a una de sus islas (supongo que por ser la menos poblada y por tanto con menor número de votantes?) a semejante abandono… En Praia a veces parecen olvidar que Maio existe. Hubo una avería y quedamos ocho semanas a la deriva, sin ver un barco aún viendo tierra. Sólo los pequeños botes de pesca y los no-ta-pequeños yates de turistas. Nos quedamos sin frutas y verduras. Ni qué decir del arroz, para qué hablar de vino o de agua embotellada. Evidentemente no había cemento en Maio. Nos quedamos sin harina y hasta el pan se convirtió en un recuerdo...
domingo, 13 de febrero de 2011
invierno (o el pan nuestro de cada día, que no nos dan hoy)
Estos días un viento violento remueve la costa generando una niebla espesa de arena e impidiéndonos ver Santiago, la isla vecina que normalmente nos acompaña y nos recuerda que hay algo más allá de Maio. Porque, a veces, si no la viéramos con nuestros propios ojos seguramente sería muy fácil ovidarnos. Estos días el viento no nos deja ver Santiago, pero tenemos un barco que viene religiosamente cada jueves y nos llena las tiendas y las comidas de alimentos variados evidenciándonos que Praia está aquí mismo. Veremos cuánto dura.
Hace unas semanas, con días hermosos de sol resplandeciente y cielo claro, veíamos hasta la Isla de Fogo por detrás de Santiago, pero a mí me daba por pensar que era un espejismo. Que era inconcebible la idea de que la capital del país se encontrara sólo a 40 km. Que era imposible que el Gobierno sometiera a una de sus islas (supongo que por ser la menos poblada y por tanto con menor número de votantes?) a semejante abandono… En Praia a veces parecen olvidar que Maio existe. Hubo una avería y quedamos ocho semanas a la deriva, sin ver un barco aún viendo tierra. Sólo los pequeños botes de pesca y los no-ta-pequeños yates de turistas. Nos quedamos sin frutas y verduras. Ni qué decir del arroz, para qué hablar de vino o de agua embotellada. Evidentemente no había cemento en Maio. Nos quedamos sin harina y hasta el pan se convirtió en un recuerdo...
Hace unas semanas, con días hermosos de sol resplandeciente y cielo claro, veíamos hasta la Isla de Fogo por detrás de Santiago, pero a mí me daba por pensar que era un espejismo. Que era inconcebible la idea de que la capital del país se encontrara sólo a 40 km. Que era imposible que el Gobierno sometiera a una de sus islas (supongo que por ser la menos poblada y por tanto con menor número de votantes?) a semejante abandono… En Praia a veces parecen olvidar que Maio existe. Hubo una avería y quedamos ocho semanas a la deriva, sin ver un barco aún viendo tierra. Sólo los pequeños botes de pesca y los no-ta-pequeños yates de turistas. Nos quedamos sin frutas y verduras. Ni qué decir del arroz, para qué hablar de vino o de agua embotellada. Evidentemente no había cemento en Maio. Nos quedamos sin harina y hasta el pan se convirtió en un recuerdo...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
¿Fué el barco que yo ví, cuando estuvimos nosotros?
ResponderEliminarInvierno... El invierno de Maio... otro concepto de invierno, eh?
jejeje... sí, era ese barco.
ResponderEliminarel "invierno" duró bien poco, para ser verdad.